Las gaitas,
aguinaldos y villancicos ya se escuchaban en las principales emisoras de radio,
mientras en la televisión se anunciaba el famoso Venemaratón, aquel programa
kilométrico transmitido por Venevisión. Se cuenta que incluso un conocido
Victoriano donó el cuello en apoyo a tan noble causa. También era común la
venta de pinturas y el comercio ofrecía juguetes y artículos navideños, sumando
al ambiente festivo que se vivía en la comunidad.
La Plaza Campo Elías era el punto de reunión por excelencia donde coincidíamos y esperábamos a los integrantes de la Pata que provenían desde diferentes sitios como la urbanización Bolívar, Las Mercedes, Avenida Victoria, Centro, detrás del estadio, La Hoyada, La Otra Banda entre otros.
Al salir de la Catedral (Iglesia Matriz), se
hacían planes para coordinar el mejor sitio donde íbamos a pernoctar hasta el
amanecer. Por supuesto, la logística incluía la adquisición de las respectivas
botellas de bebidas espirituosas (B.E.S.): canelita, ron, anís y vino pasita,
según el gusto de la audiencia, incluyendo a las chicas. Los patines tenían un
papel protagónico durante las misas de aguinaldo. La noche anterior había que
ponerlos a punto, revisando las rolineras, las tuercas, las correas, los ganchos
y, por supuesto, aplicando aceite 3 en 1 en las ruedas. Las marcas preferidas
eran Winchester y Unión, entre otras; y nada de ruedas de poliuretano, lineales
ni derivados sofisticados: puro hierro pelao. Los ganchos con los que se
sujetaban a los zapatos eran toda una tortura, pero qué sabroso sonaban esos
bichos... chas chas chasssssss……
No faltaban los personajes de la época quienes esperaban con ansiedad la fecha para sacar a relucir las pintas y objetos que llamaran la atención aprovechando las circunstancias de levantarse a una de las chicas asistentes, así que cuando llegaban a casa al amanecer lo primero que les preguntaba su Mamá era, mija y como estuvo la misa ?? ya podrán imaginar la respuesta.





