Richard.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Richard Núñez Uribe: El Kengue que desafió al tiempo desde su silla de extensión
Richard.
lunes, 30 de mayo de 2016
miércoles, 30 de marzo de 2016
Motocross y nostalgia: una huella imborrable en nuestra ciudad
Durante la década de los 70, nuestra ciudad
vibró con inolvidables jornadas de motocross que aún laten en la memoria de
quienes las vivieron. Primero en los polvorientos circuitos de La Chapa y luego
en la población de Guacamaya, se dieron cita competencias nacionales e
internacionales que llenaron de emoción, expectativa y admiración a todo un
pueblo. Por aquellos escenarios pasaron figuras como Fernando Macías, José
Canache, Claudio Ippólito, Valentino Zolli, Tomás Goinger, Billy Gibson, los
hermanos Alfredo y Gustavo Herrera, Freddy y Enrique Brandt, Francis Meza,
“Chichí” Dorta, Ricardo Boada, El Negro Castro, Rubén Petruchi y muchos otros,
quienes con su valentía, destreza y espíritu competitivo dejaron una huella
imborrable en una época que hoy se recuerda con orgullo y nostalgia.
Pilotos del patio que nos representaban en las competencias nacionales y regionales. De izquierda a derecha : Rafael Miranda, José “Loco” Zabala, Hugo Amaro, Daniel "Conejo" López y Eleazar "Sarampión" Díaz. Imagen cortesía del amigo Tony Ortega.
La primera competencia internacional que se
hizo en Venezuela se organizó con la ayuda de dos estadounidenses, e incluso
invitaron a un piloto norteamericano. Durante cinco años corrimos en distintas
pistas del país, en carreras válidas para el Campeonato Nacional, como Puerto
La Cruz, Puerto Ordaz, Valencia y otros circuitos. También participamos en una
carrera nocturna en Caracas, en unos terrenos cerca de Prado del Este, donde
hoy en día está un centro comercial muy conocido. Hay muchas más historias que
podría contar, pero estas son las que más tengo presentes.
Panamericano de Motocross, Team Venemotos Yamaha 250 YZ
Circuito de Guacamaya en el estado Aragua
Circuito La Chapa en La Victoria (Cortesia del amigo Guido Faoro)
Circuito La Chapa en La Victoria
Del famoso Team Venemotos Yamaha tambien participaron en las competencias que se desarrollaban en ambos circuitos, frente a rivales de otras marcas japonesas y europeas como Suzuki, Kawasaki, Honda, Montesa, Huskvarna, Bultaco, KTM, Maico entre otras.
domingo, 27 de marzo de 2016
Avenida Victoria: entre elegancia, cambio y nostalgia
Imagen de la Avenida Victoria, fechada a
finales de la década de 1950 y tomada en dirección este de la ciudad, donde aún
podían contemplarse las elegantes residencias o quintas que daban a la zona un
aire distinguido y apacible. Con el paso de los años, aquellas casas fueron
desapareciendo poco a poco, cediendo su lugar a locales comerciales y edificios
que transformaron para siempre el carácter residencial del sector. El Centro
Capriles, con su Cine Victoria, Supermercado La Estrella, Galerías Levy, entre otros
locales comerciales y edificios residenciales, marcó la llegada de un nuevo
concepto urbano que acompañó el crecimiento de la ciudad, junto con desarrollos
como Nueva Victoria, Morichal y Guaracarima. Sin embargo, permanecen vivos en
la memoria los entrañables momentos compartidos en los hogares de tantas
familias que fueron nuestros vecinos y amigos, y que llenaron de afecto y
cercanía los años de nuestra infancia y juventud.
lunes, 15 de febrero de 2016
sábado, 2 de enero de 2016
La Pata de la Campo Elias
Las
patotas, una época
Muchos todavía recuerdan la época de las
patotas, un fenómeno social que apareció en los años 60 y siguió fuerte durante
buena parte de los 70.
El tema también llegó al cine con títulos como
“Los Ángeles Salvajes” (1966), “Hells Angels on Wheels” (1967) y “Nacidos para
perder” (1967), una de las películas más recordadas de esa ola.
Nos reuníamos en la plaza Campo Elías, algunos
más fieles que otros, casi todas las noches de lunes a viernes. Los sábados
eran para los bonches, los domingos para descansar, y en vacaciones el ritmo
subía. Allí matábamos el ocio como se podía: entre chistes, cuentos de muertos
y aparecidos, y juegos intensos como “Tonga”, donde todos querían al gordo Luis
Felipe en su equipo. También jugábamos a “policías y ladrones”, “escondido”,
“fusilado”, “estatua”, alguna que otra “derrota” y hasta a adivinar títulos de
películas.
También estaban los famosos “derrumbes” en el Pin Victoria, ya más propios de los mayores y casi siempre con cervezas de por medio. En los juegos individuales, al que perdía le tocaba su buena “sala”. Los más frecuentes en ese papel eran los recordados “Pan de Avena” + y el gordo Antonio Caputo +.
Celebrando quien sabe qué identificamos
a: Carlos García +, Diego (Cabeza e Mundo +) Aguirre, Carlos (Jataguey) Jadaui
+, Felix (El Gallo) Pasos, Fildea +, Carlos Martínez Raffalli +, Bernardo
Basso, Kike (Pata e Lancha) Álvarez, Héctor (Careca) González. Sentados: German
Basso, Raúl Rodríguez, Carmelo Rodríguez, Sergio Chapman.
En aquel grupo había de todo: malosos, jodedores, viva la pepa, serios, estudiosos y panga pangas. Pero, sin excepción, todos eran buena vaina. Una vez, a varios se nos ocurrió escribir en un banco de la Plaza los nombres de todos los compinches. Creo que la lista llegó a 72, como si ya entonces temiéramos que el tiempo empezara a llevárselos.
Sé que la historia de la Pata está hecha de recuerdos, anécdotas y momentos que todavía viven en la memoria. Este escrito solo quiere abrir la puerta para que quienes se acerquen al blog sumen sus vivencias y ayuden a reconstruir ese tiempo. También quiere hacer memoria en su memoria, la de la pata, y completar la “nómina” de sus integrantes, o ese “censo de jodedores”, como lo llamó Pelón Domínguez.
Los Ilustres Visitantes o Forasteros
Durante las décadas de los 70 y 80, la Plaza Campo Elías no era simplemente un espacio público; era el corazón palpitante del pueblo, el cuartel general de la famosa "Pata" y el escenario idóneo donde la realidad y la exageración se fundían bajo la sombra de los árboles. En aquellos años de pantalones acampanados, camisas de cuello grande de bacterias y baladas que sonaban en la radio, sentarse en los bancos de la plaza era asistir a un teatro de la vida real. Por allí pasaban todos, pero solo unos pocos lograban desafiar el implacable ingenio local para quedarse grabados en la memoria colectiva.
Uno de los personajes más memorables de esa época dorada fue un hombre del que jamás se supo el apellido ni la procedencia. Apareció un buen día, como bajado de un autobús que venía de ninguna parte, y de inmediato se mimetizó con el paisaje. Se llamaba Freddy.
Freddy poseía una habilidad única: la mitomanía elevada a la categoría de arte. En una época donde no existían las redes sociales para verificar las vidas ajenas, él se esmeraba en construir un imperio de humo. Con total naturalidad, Freddy aseguraba a quien quisiera escucharlo que era un hombre de altísima alcurnia, dueño de inmensas fortunas y conexiones con la alta sociedad.
Sin embargo, sus gastados zapatos y sus bolsillos limpios gritaban una verdad completamente opuesta. La "Pata" de la plaza, con ese ojo clínico y afilado que caracteriza al venezolano, no tardó en descifrar el enigma. Lejos de ignorarlo, decidieron otorgarle un título nobiliario a la altura de sus fantásticos relatos. Así, entre risas y complicidad, Freddy fue bautizado para siempre como "Kid Mojones". El hombre se marchó con el tiempo, pero dejó su alias sembrado en la plaza como un monumento a la guachafita.
La llegada de los años 70 trajo consigo vientos de cambio y nuevas estéticas que desafiaban la pulcritud tradicional del pueblo. En ese contexto desembarcó otro visitante fugaz que causó revuelo inmediato. Para la mentalidad de la época, su aspecto era un choque visual: llevaba el cabello largo, una barba que parecía peleada con el jabón, una gargantilla con el infaltable símbolo de la Paz, una mochila complementada con un atuendo descuidado que desafiaba cualquier norma de etiqueta.
Para la plaza, no hubo pérdida: fue bautizado de inmediato como "El Hippie". Su paso por la Campo Elías fue breve, casi un parpadeo, pero su impacto fue demoledor gracias a una sola frase.
En una de esas tardes de
tertulia con los integrantes de la "Pata", al despedirse o quizás al
resumir su visión del mundo, soltó con desparpajo una expresión que sonaba a
filosofía urbana: "¡Bien y todo, ves!".
La expresión tenía ritmo, misterio y una extraña sabiduría popular. Fue tan contagiante que la "Pata de la Campo Elías" la adoptó de inmediato como su mantra oficial. Durante años, la frase se popularizó y se usó para cerrar tratos, saludar a los amigos o simplemente para restarle peso a las dificultades de la vida diaria.
Hoy en día, las modas han cambiado y los bancos de la plaza albergan otras historias, pero el eco de los años 60 y 70 sigue vivo. Personajes como Freddy "Kid Mojones" y "El Hippie" demuestran que la riqueza de un pueblo no se mide por sus tesoros, sino por la capacidad de su gente para transformar la cotidianidad en leyenda y una simple frase callejera en un patrimonio compartido.






























