lunes, 7 de noviembre de 2016

Richard Núñez Uribe: El Kengue que desafió al tiempo desde su silla de extensión



Hay seres humanos que no necesitan vivir un siglo para dejar una huella imborrable; les basta con la intensidad de su brillo y la fuerza de su autenticidad. Ese fue el caso de Richard Núñez Uribe, conocido cariñosamente por su hermandad de vida como "El Kengue" o "El Richil". Apenas contaba con 29 años cuando un trágico accidente de tránsito apagó su presencia física, pero cuatro décadas después, su recuerdo sigue tan vivo y vibrante como en aquellos años dorados en el Liceo José Félix Ribas.
Hablar de Richard es evocar una estampa clásica de la juventud de la época. Es verlo en la Plaza Campo Elías o en los terrenos de la Avenida Victoria —cuando abundaban las parcelas y escaseaban las casas—, cómodamente instalado en su inseparable silla de extensión. Allí, entre el monte y el viento, Richard sostenía un libro, devoraba cómics de Archie en inglés o encendía su inseparable radiecito azul para sintonizar las canciones del "hit parade".
Su personalidad era una fascinante mezcla de tranquilidad observadora, tenacidad brillante y un ingenio agudo. Quienes compartieron con él las aulas recuerdan su capacidad casi mágica para recuperar las notas en cuarto año, ejecutando una remontada académica impecable. Tenía, además, una obsesión maravillosa por el lenguaje: le fascinaba traducir los refranes criollos al inglés y repetía con frecuencia una frase que quedó grabada en la memoria colectiva del grupo: “No es el hecho en sí, sino la trascendencia de la frase que involucra el acto”.
El humor y la leyenda también lo acompañaron en sus andanzas. Su Pana Leopoldo Domínguez, aún sonríe al recordar los paseos a Tasajera, cuando el grupo le pedía a Richard que caminara adelante para espantar a las culebras con el sonido "de su violín". El mismo Richard alimentaba el mito urbano asegurando que, al bañarse en los pozos, los peces pequeños que a todos se les pegaban al cuerpo, a él lo esquivaban por completo.
Pero detrás de las tertulias y las risas latía un joven de metas claras. Su lectura de cómics en inglés no era un simple pasatiempo; era la preparación para el sueño que logró conquistar: viajar a Londres para graduarse como Ingeniero. Cruzó el Atlántico, conoció Europa y, fiel a sus afectos, envió postales a sus amigos. Una de esas postales, resguardada como un tesoro sagrado por Rafael María Carabaño ("Cabeza de piedra"), cumple hoy casi 39 años como el testimonio físico de una amistad inquebrantable.
A su regreso de Londres, ya con el título en mano, visitó a sus grandes panas, como Luis Villegas y Carlos Mario Aguirre, sellando con un abrazo lo que sería una despedida prematura.
Hoy, este espacio en el Blog de la Campo Elías se convierte en un santuario a su memoria. Desde Madrid, su hermana Patricia y su madre —quien hoy sonríe a sus 91 años al recordar a su "Richi"— agradecen estas muestras de amor que demuestran que Richard no se fue del todo. Su silla de extensión sigue allí, en el corazón de la plaza, y su risa sigue resonando en cada tertulia de quienes tuvieron el honor de llamarlo amigo.
¡Un abrazo al cielo, Richil! Tu trascendencia sigue intacta.


Esta crónica homenajea a Richard "El Kengue" Núñez Uribe, destacando su personalidad, sus andanzas juveniles en la plaza Campo Elías y su logro académico de estudiar en Londres. La narración integra el testimonio de José Laurencio Silva, quien recuerda a Richard como un joven enfocado en sus metas y sueños. 



Cartas y postales enviadas desde Londres a Rafael María Carabaño (Cabeza e' Piedra) durante su estancia cursando estudios superiores. 

Londres, Reino Unido.
Hermano Rafael María:
Espero que al recibir esta carta te encuentres excelente, al igual que todo el grupo del Liceo José Félix Ribas y la gente de la Campo Elías.
Te confieso que a veces miro por la ventana de mi habitación y, en lugar de los autobuses rojos de dos pisos y la neblina londinense, me parece ver las parcelas de monte de la Avenida Victoria y escuchar nuestro radiecito azul tocando las canciones del hit parade. ¡Qué buenos tiempos, mi pana! Aquí la vida corre muy rápido y la gente es muy formal, pero yo no pierdo mi esencia alegre. Siempre aplico mi famosa máxima cuando los profesores se ponen difíciles: “No es el hecho en sí, sino la trascendencia de la frase que involucra el acto”.
Logré la meta de llegar aquí a estudiar, tal como lo planifiqué mientras leía mis suplementos en inglés en la plaza. Ha sido un esfuerzo brillante de tenacidad, pero valdrá la pena. Ya me visualizo regresando a Venezuela con el título de ingeniero bajo el brazo para reencontrarme con ustedes, llevarme mi sillita de extensión y sentarme a echarles los cuentos de este viaje.
Cuídame mucho al grupo por allá. Gracias por ser ese amigo incondicional.
Tu hermano de siempre,

Richard.


El Richard durante su época de estudiante en el Reino Unido



Semblanza de Richard: Tenacidad, Pensamiento y Amistad

Hablar de Richard es evocar la imagen de un "alto pana" entrañable, cuya vida quedó grabada con nitidez en el corazón de quienes compartieron con él. Su historia se construye a través de los recuerdos de sus grandes amigos, quienes hoy rinden homenaje a su forma de ser y a su temple inquebrantable.
Bernardo José Basso Pérez nos regala una postal viva de su cotidianidad y lo recuerda siempre en su faceta más auténtica: acompañado por sus inseparables libros, vistiendo su chaqueta característica y acomodado en su fiel silla de extensión, ya fuera estudiando o entregado a una buena tertulia. Para Bernardo, Richard era un ser muy tranquilo, a veces muy pensativo y un observador profundo del mundo que lo rodeaba.
Pero detrás de esa naturaleza calmada y reflexiva residía una fuerza interior formidable. Luis Alberto Gil Wallis, otro de sus grandes panas, lo define como un ejemplo de tenacidad que jamás se borrará de la memoria de sus compañeros. Luis Alberto recuerda con especial admiración cómo Richard recuperó las notas en cuarto año de una manera brillante, demostrando una capacidad de enfoque y una disciplina admirables.
A través de las miradas de Bernardo y Luis Alberto, Richard permanece entre nosotros: el pensador sereno, el estudiante brillante, el amigo fiel y el ejemplo de superación que el tiempo no podrá borrar.















lunes, 30 de mayo de 2016

Retro TV (Primera parte)




Pónganse cómodos y disfruten de la programación, es un viaje al pasado




miércoles, 30 de marzo de 2016

Motocross y nostalgia: una huella imborrable en nuestra ciudad

Durante la década de los 70, nuestra ciudad vibró con inolvidables jornadas de motocross que aún laten en la memoria de quienes las vivieron. Primero en los polvorientos circuitos de La Chapa y luego en la población de Guacamaya, se dieron cita competencias nacionales e internacionales que llenaron de emoción, expectativa y admiración a todo un pueblo. Por aquellos escenarios pasaron figuras como Fernando Macías, José Canache, Claudio Ippólito, Valentino Zolli, Tomás Goinger, Billy Gibson, los hermanos Alfredo y Gustavo Herrera, Freddy y Enrique Brandt, Francis Meza, “Chichí” Dorta, Ricardo Boada, El Negro Castro, Rubén Petruchi y muchos otros, quienes con su valentía, destreza y espíritu competitivo dejaron una huella imborrable en una época que hoy se recuerda con orgullo y nostalgia.

 






Pilotos del patio que nos representaban en las competencias nacionales y regionales. De izquierda a derecha : Rafael Miranda, José “Loco” Zabala, Hugo Amaro, Daniel "Conejo" López y Eleazar "Sarampión" Díaz. Imagen cortesía del amigo Tony Ortega.    
                                




La primera competencia internacional que se hizo en Venezuela se organizó con la ayuda de dos estadounidenses, e incluso invitaron a un piloto norteamericano. Durante cinco años corrimos en distintas pistas del país, en carreras válidas para el Campeonato Nacional, como Puerto La Cruz, Puerto Ordaz, Valencia y otros circuitos. También participamos en una carrera nocturna en Caracas, en unos terrenos cerca de Prado del Este, donde hoy en día está un centro comercial muy conocido. Hay muchas más historias que podría contar, pero estas son las que más tengo presentes.

 





El circuito de Guacamaya en el estado Aragua



Panamericano de Motocross, Team Venemotos Yamaha 250 YZ
Circuito de Guacamaya en el estado Aragua



Circuito La Chapa en La Victoria (Cortesia del amigo Guido Faoro)



Circuito La Chapa en La Victoria



Otra imagen del circuito La Chapa en La Victoria 
(Cortesia del amigo Guido Faoro)


Las marcas Japonesas que liderizaban las competencias, Honda, 
Kawasaki, Suzuki y Yamaha. 
Circuito de Guacamaya, Agosto de 1977


El piloto Venezolano Claudio Ippolito durante su participación en el evento Panamericano


Anuncio Publicitario de una de las competencias. 
Imagen cortesía de Manuel (Morocho) Zurbarán




En dos oportunidades el circuito de Guacamaya sirvio de escenario para el Latinoamericano de Motocross, donde participaron pilotos de talla mundialista como Guy Booth, Dalbon, Ivan Bulos, Boetcher, Remo Boeck, Pedro Raymundo, Nivanor Bernardi. 









Del famoso Team Venemotos Yamaha tambien participaron en las competencias que se desarrollaban en ambos circuitos, frente a rivales de otras marcas japonesas y europeas como Suzuki, Kawasaki, Honda, Montesa, Huskvarna, Bultaco, KTM, Maico entre otras.












Portada de la revista Mecanica Nacional, segunda valida Latinoamericano
 de Motocross Circuito de La Guaira, Litoral Junio de 1977.


Partida en el circuito de Guacamaya, Julio de 1978


Piloto de la escuderia Honda categoria 125 cc. Circuito de la Chapa, Abril de 1975



Durante una de las competencias del Latinoamericano de Motocross en el circuito de Guacamaya, Agosto de 1977




Guy Booth representante del Perú en la categoría de 250 CC 
con los colores de la escudería Honda         


Circuito de La Limonera, municipio Baruta Caracas


domingo, 27 de marzo de 2016

Avenida Victoria: entre elegancia, cambio y nostalgia

Imagen de la Avenida Victoria, fechada a finales de la década de 1950 y tomada en dirección este de la ciudad, donde aún podían contemplarse las elegantes residencias o quintas que daban a la zona un aire distinguido y apacible. Con el paso de los años, aquellas casas fueron desapareciendo poco a poco, cediendo su lugar a locales comerciales y edificios que transformaron para siempre el carácter residencial del sector. El Centro Capriles, con su Cine Victoria, Supermercado La Estrella, Galerías Levy, entre otros locales comerciales y edificios residenciales, marcó la llegada de un nuevo concepto urbano que acompañó el crecimiento de la ciudad, junto con desarrollos como Nueva Victoria, Morichal y Guaracarima. Sin embargo, permanecen vivos en la memoria los entrañables momentos compartidos en los hogares de tantas familias que fueron nuestros vecinos y amigos, y que llenaron de afecto y cercanía los años de nuestra infancia y juventud.





Imagen tomada del Facebook del amigo Guido Faoro, junto a dos grandes amigas Victorianas América Rodríguez (Q.E.P.D) y Mimina Amaro. Esta imagen data de mediados de los años 70 y fue tomada en la Avenida Victoria, en la casa de la familia Rodríguez.



Supermercado Aragua C.A (SACA) cercano a la Av. Victoria a mediados de los años 70's listo para ser inaugurado, daría paso más adelante al Supermercado UNICASA.


Imagen tomada de Añoranzas Victorianas


sábado, 2 de enero de 2016

La Pata de la Campo Elias

Un reto a la memoria, en su memoria

Las patotas, una época

Muchos todavía recuerdan la época de las patotas, un fenómeno social que apareció en los años 60 y siguió fuerte durante buena parte de los 70.

El tema también llegó al cine con títulos como “Los Ángeles Salvajes” (1966), “Hells Angels on Wheels” (1967) y “Nacidos para perder” (1967), una de las películas más recordadas de esa ola.




Típicamente, o al menos así lo mostraban esas películas, las patotas en USA eran grupos de jóvenes y no tan jóvenes que andaban en potentes motos Harley, Indians o Triumph, utilizaban vestimenta peculiar como chaquetas de cuero con el emblema distintivo en la espalda y sus vidas transcurrían entre la juerga, la violencia y el desenfreno. Para sus integrantes, o patoteros, la patota era su “familia”, su razón de existir y prácticamente su única actividad. En Venezuela existieron versiones tropicales de esas patotas, sobre todo en el este de Caracas y en algunas otras grandes ciudades del país.



Nos reuníamos en la plaza Campo Elías, algunos más fieles que otros, casi todas las noches de lunes a viernes. Los sábados eran para los bonches, los domingos para descansar, y en vacaciones el ritmo subía. Allí matábamos el ocio como se podía: entre chistes, cuentos de muertos y aparecidos, y juegos intensos como “Tonga”, donde todos querían al gordo Luis Felipe en su equipo. También jugábamos a “policías y ladrones”, “escondido”, “fusilado”, “estatua”, alguna que otra “derrota” y hasta a adivinar títulos de películas.

También estaban los famosos “derrumbes” en el Pin Victoria, ya más propios de los mayores y casi siempre con cervezas de por medio. En los juegos individuales, al que perdía le tocaba su buena “sala”. Los más frecuentes en ese papel eran los recordados “Pan de Avena” + y el gordo Antonio Caputo +.

 


Celebrando quien sabe qué identificamos a: Carlos García +, Diego (Cabeza e Mundo +) Aguirre, Carlos (Jataguey) Jadaui +, Felix (El Gallo) Pasos, Fildea +, Carlos Martínez Raffalli +, Bernardo Basso, Kike (Pata e Lancha) Álvarez, Héctor (Careca) González. Sentados: German Basso, Raúl Rodríguez, Carmelo Rodríguez, Sergio Chapman.

En aquel grupo había de todo: malosos, jodedores, viva la pepa, serios, estudiosos y panga pangas. Pero, sin excepción, todos eran buena vaina. Una vez, a varios se nos ocurrió escribir en un banco de la Plaza los nombres de todos los compinches. Creo que la lista llegó a 72, como si ya entonces temiéramos que el tiempo empezara a llevárselos.

Sé que la historia de la Pata está hecha de recuerdos, anécdotas y momentos que todavía viven en la memoria. Este escrito solo quiere abrir la puerta para que quienes se acerquen al blog sumen sus vivencias y ayuden a reconstruir ese tiempo. También quiere hacer memoria en su memoria, la de la pata, y completar la “nómina” de sus integrantes, o ese “censo de jodedores”, como lo llamó Pelón Domínguez.

 


La vieja casona sede del Seguro Social frente a la Plaza Campo Elías 

A continuación, parte de ese censo... ayuden a completarlo.


Germán Basso 


Alvarito Cruz, Andrés Eloy Barreat, Andrés Eloy Muñoz (Guachajan), Antonio Caputto (El Gordo) +, Armando Guevara (Che-Che), Balbino González, Bernardo Basso (Barrabás), Burro Martínez +, Carlos Arturo Haberkorn, Carlos Cabrera (Pan de Avena) + Carlos García (Mi Sopita) +, Carlitos González (Rubirosa),  Carlos Fitt, Carlos Jadaui (Jatawuey) +, Carlos Krause +, Carlos Mario Aguirre (La Negra), Daniel Caballero (Vagachivo), David (Antorcha) Capriles, Demetrio Rojas, Diego Aguirre (Cabeza e Mundo) +, Diego (Pipo) Núñez, Dionisio Silva (Gurrupera) + , Douglas Lugo +, Efraín Chirinos (Aguas Negras) +, Enrique Briceño (Coco Rico) +, Enrique Sánchez (Ratón), Ernesto Pino, Felix Pasos (El Gallo), Eudoro Seijas (Bolita de Queso) +, Fernando Bayona, Fildea +, Francisco (Franco) H. Aguilar + , Frank Paoli, Freddy Briceño (Quema Rancho) + , Freddy Chita + , Freddy Martinez (Niche Pepsi) +,  Germán Basso, German Iglesias, Gilberto Longoria (Nené), Gonzalo Navarro (Bemba) +, Gorro e Pelo,  Héctor Camacho, Héctor de Armas (Caramelo), Héctor González (Niche Hector - Careca), Héctor González (Pavo Lucas), Iván Carbajal, Jesús de Armas  +, Jesús Manrique (Negro Perico) + ,  Joel Hernández (Tírame algo), Johnny Sánchez, Jorge Domínguez (Tucuso), José Alfonzo Zurbarán +, Joseíto Aguilar (Pelo e Chivo), José Alfredo Muñoz (Herman),  José Laurencio Silva,  Juan José Reverón, Juan Jorge Haberkorn, Kike Álvarez (Pata e Lancha), Leonardo Carabaño (Aquaman), Leopoldo Domínguez, Luis Antón (Bemba e' Julepe), Luis Felipe Navarro (El Gordo) +, Luis A. Gil Wallis (Yuca), Luis Iglesias, Luis Smith (El Guazón) + Luis Villegas, Manolo Mogollón, Manuel Zurbarán (Morocho),  Marcial Guevara, Marco Tulio Pravia, Martín Acero, Miguel Carabaño (Cuero e' Pescao), Máximo Abreu +, Milton Ladera, Nelson Martínez, Francisco (Nené) Acosta, Pablo Parra,  "Pompas" Carbajal, Próspero Domínguez (Pelón), "Pollo" Pravia,  Rafael Enrique Aguilar, Rafael María Carabaño (Cabeza de Piedra), Rafael Arias (Salivita) +, Rafael Zurbarán (Morocho), Raúl Rodríguez, Reinaldo (Renny) Richard, Richard Nuñez Uribe (Kengue) +, Roberto Villani (Macuesto), Rodrigo Navarro (Cuturi), Román Salínas, Rómulo Pacheco (Platanote), Rory Herrera, Sergio Chapman, Teófilo Eduardo Barreat, Tony Bertoni, Venerando Villarino, Wilmer Galindo (Mo… de Tigre).   

Los Ilustres Visitantes o Forasteros

Durante las décadas de los 70 y 80, la Plaza Campo Elías no era simplemente un espacio público; era el corazón palpitante del pueblo, el cuartel general de la famosa "Pata" y el escenario idóneo donde la realidad y la exageración se fundían bajo la sombra de los árboles. En aquellos años de pantalones acampanados, camisas de cuello grande de bacterias y baladas que sonaban en la radio, sentarse en los bancos de la plaza era asistir a un teatro de la vida real. Por allí pasaban todos, pero solo unos pocos lograban desafiar el implacable ingenio local para quedarse grabados en la memoria colectiva.

 El Aristócrata de la Fantasía: "Kid Mojones"

Uno de los personajes más memorables de esa época dorada fue un hombre del que jamás se supo el apellido ni la procedencia. Apareció un buen día, como bajado de un autobús que venía de ninguna parte, y de inmediato se mimetizó con el paisaje. Se llamaba Freddy.

Freddy poseía una habilidad única: la mitomanía elevada a la categoría de arte. En una época donde no existían las redes sociales para verificar las vidas ajenas, él se esmeraba en construir un imperio de humo. Con total naturalidad, Freddy aseguraba a quien quisiera escucharlo que era un hombre de altísima alcurnia, dueño de inmensas fortunas y conexiones con la alta sociedad.

Sin embargo, sus gastados zapatos y sus bolsillos limpios gritaban una verdad completamente opuesta. La "Pata" de la plaza, con ese ojo clínico y afilado que caracteriza al venezolano, no tardó en descifrar el enigma. Lejos de ignorarlo, decidieron otorgarle un título nobiliario a la altura de sus fantásticos relatos. Así, entre risas y complicidad, Freddy fue bautizado para siempre como "Kid Mojones". El hombre se marchó con el tiempo, pero dejó su alias sembrado en la plaza como un monumento a la guachafita.

 "El Hippie" y su Legado

La llegada de los años 70 trajo consigo vientos de cambio y nuevas estéticas que desafiaban la pulcritud tradicional del pueblo. En ese contexto desembarcó otro visitante fugaz que causó revuelo inmediato. Para la mentalidad de la época, su aspecto era un choque visual: llevaba el cabello largo, una barba que parecía peleada con el jabón, una gargantilla con el infaltable símbolo de la Paz, una mochila complementada con un atuendo descuidado que desafiaba cualquier norma de etiqueta.

Para la plaza, no hubo pérdida: fue bautizado de inmediato como "El Hippie". Su paso por la Campo Elías fue breve, casi un parpadeo, pero su impacto fue demoledor gracias a una sola frase.

En una de esas tardes de tertulia con los integrantes de la "Pata", al despedirse o quizás al resumir su visión del mundo, soltó con desparpajo una expresión que sonaba a filosofía urbana: "¡Bien y todo, ves!".

La expresión tenía ritmo, misterio y una extraña sabiduría popular. Fue tan contagiante que la "Pata de la Campo Elías" la adoptó de inmediato como su mantra oficial. Durante años, la frase se popularizó y se usó para cerrar tratos, saludar a los amigos o simplemente para restarle peso a las dificultades de la vida diaria.

Hoy en día, las modas han cambiado y los bancos de la plaza albergan otras historias, pero el eco de los años 60 y 70 sigue vivo. Personajes como Freddy "Kid Mojones" y "El Hippie" demuestran que la riqueza de un pueblo no se mide por sus tesoros, sino por la capacidad de su gente para transformar la cotidianidad en leyenda y una simple frase callejera en un patrimonio compartido.