Hay seres humanos que no necesitan vivir un siglo para dejar una huella imborrable; les basta con la intensidad de su brillo y la fuerza de su autenticidad. Ese fue el caso de Richard Núñez Uribe, conocido cariñosamente por su hermandad de vida como "El Kengue" o "El Richil". Apenas contaba con 29 años cuando un trágico accidente de tránsito apagó su presencia física, pero cuatro décadas después, su recuerdo sigue tan vivo y vibrante como en aquellos años dorados en el Liceo José Félix Ribas.
Hablar de Richard es evocar una estampa clásica de la juventud de la época. Es verlo en la Plaza Campo Elías o en los terrenos de la Avenida Victoria —cuando abundaban las parcelas y escaseaban las casas—, cómodamente instalado en su inseparable silla de extensión. Allí, entre el monte y el viento, Richard sostenía un libro, devoraba cómics de Archie en inglés o encendía su inseparable radiecito azul para sintonizar las canciones del "hit parade".
Su personalidad era una fascinante mezcla de tranquilidad observadora, tenacidad brillante y un ingenio agudo. Quienes compartieron con él las aulas recuerdan su capacidad casi mágica para recuperar las notas en cuarto año, ejecutando una remontada académica impecable. Tenía, además, una obsesión maravillosa por el lenguaje: le fascinaba traducir los refranes criollos al inglés y repetía con frecuencia una frase que quedó grabada en la memoria colectiva del grupo: “No es el hecho en sí, sino la trascendencia de la frase que involucra el acto”.
El humor y la leyenda también lo acompañaron en sus andanzas. Su Pana Leopoldo Domínguez, aún sonríe al recordar los paseos a Tasajera, cuando el grupo le pedía a Richard que caminara adelante para espantar a las culebras con el sonido "de su violín". El mismo Richard alimentaba el mito urbano asegurando que, al bañarse en los pozos, los peces pequeños que a todos se les pegaban al cuerpo, a él lo esquivaban por completo.
Pero detrás de las tertulias y las risas latía un joven de metas claras. Su lectura de cómics en inglés no era un simple pasatiempo; era la preparación para el sueño que logró conquistar: viajar a Londres para graduarse como Ingeniero. Cruzó el Atlántico, conoció Europa y, fiel a sus afectos, envió postales a sus amigos. Una de esas postales, resguardada como un tesoro sagrado por Rafael María Carabaño ("Cabeza de piedra"), cumple hoy casi 39 años como el testimonio físico de una amistad inquebrantable.
A su regreso de Londres, ya con el título en mano, visitó a sus grandes panas, como Luis Villegas y Carlos Mario Aguirre, sellando con un abrazo lo que sería una despedida prematura.
Hoy, este espacio en el Blog de la Campo Elías se convierte en un santuario a su memoria. Desde Madrid, su hermana Patricia y su madre —quien hoy sonríe a sus 91 años al recordar a su "Richi"— agradecen estas muestras de amor que demuestran que Richard no se fue del todo. Su silla de extensión sigue allí, en el corazón de la plaza, y su risa sigue resonando en cada tertulia de quienes tuvieron el honor de llamarlo amigo.
¡Un abrazo al cielo, Richil! Tu trascendencia sigue intacta.
Esta crónica homenajea a Richard "El Kengue" Núñez Uribe, destacando su personalidad, sus andanzas juveniles en la plaza Campo Elías y su logro académico de estudiar en Londres. La narración integra el testimonio de José Laurencio Silva, quien recuerda a Richard como un joven enfocado en sus metas y sueños.
Cartas y postales enviadas desde Londres a Rafael María Carabaño (Cabeza e' Piedra) durante su estancia cursando estudios superiores.
Londres, Reino Unido.
Hermano Rafael María:
Espero que al recibir esta carta te encuentres excelente, al igual que todo el grupo del Liceo José Félix Ribas y la gente de la Campo Elías.
Te confieso que a veces miro por la ventana de mi habitación y, en lugar de los autobuses rojos de dos pisos y la neblina londinense, me parece ver las parcelas de monte de la Avenida Victoria y escuchar nuestro radiecito azul tocando las canciones del hit parade. ¡Qué buenos tiempos, mi pana! Aquí la vida corre muy rápido y la gente es muy formal, pero yo no pierdo mi esencia alegre. Siempre aplico mi famosa máxima cuando los profesores se ponen difíciles: “No es el hecho en sí, sino la trascendencia de la frase que involucra el acto”.
Logré la meta de llegar aquí a estudiar, tal como lo planifiqué mientras leía mis suplementos en inglés en la plaza. Ha sido un esfuerzo brillante de tenacidad, pero valdrá la pena. Ya me visualizo regresando a Venezuela con el título de ingeniero bajo el brazo para reencontrarme con ustedes, llevarme mi sillita de extensión y sentarme a echarles los cuentos de este viaje.
Cuídame mucho al grupo por allá. Gracias por ser ese amigo incondicional.
Tu hermano de siempre,
Richard.
El Richard durante su época de estudiante en el Reino Unido
Semblanza de Richard: Tenacidad, Pensamiento y Amistad
Hablar de Richard es evocar la imagen de un "alto pana" entrañable, cuya vida quedó grabada con nitidez en el corazón de quienes compartieron con él. Su historia se construye a través de los recuerdos de sus grandes amigos, quienes hoy rinden homenaje a su forma de ser y a su temple inquebrantable.
Bernardo José Basso Pérez nos regala una postal viva de su cotidianidad y lo recuerda siempre en su faceta más auténtica: acompañado por sus inseparables libros, vistiendo su chaqueta característica y acomodado en su fiel silla de extensión, ya fuera estudiando o entregado a una buena tertulia. Para Bernardo, Richard era un ser muy tranquilo, a veces muy pensativo y un observador profundo del mundo que lo rodeaba.
Pero detrás de esa naturaleza calmada y reflexiva residía una fuerza interior formidable. Luis Alberto Gil Wallis, otro de sus grandes panas, lo define como un ejemplo de tenacidad que jamás se borrará de la memoria de sus compañeros. Luis Alberto recuerda con especial admiración cómo Richard recuperó las notas en cuarto año de una manera brillante, demostrando una capacidad de enfoque y una disciplina admirables.
A través de las miradas de Bernardo y Luis Alberto, Richard permanece entre nosotros: el pensador sereno, el estudiante brillante, el amigo fiel y el ejemplo de superación que el tiempo no podrá borrar.



Muy bello esto post. Me conmovió. Gracias.
ResponderEliminarMuchas gracias Gordon por tu comentario.
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